La primera vez que la visité tuvieron que obligarme a ir. Estábamos armando un viaje a Nueva York y Miami y teníamos que definir la ciudad para la estadía intermedia. Cinco años antes habíamos elegido Boston. Al final nos decidimos por Chicago, una ciudad que no llamaba mi atención en lo más mínimo. No sabía que se convertiría en uno de mis lugares preferidos del mundo. Tan así, que este año regresé. Junio de 2010, verano en el norte.

Dejo atrás la locura neoyorquina de Manhattan y aterrizo en el Chicago O’Hare International, uno de los aeropuertos con mayor tráfico aéreo del mundo. La mejor opción para llegar al Getaway Hostel era el tren (CTA), que salía desde el aeropuerto, cada 10 minutos. Chicago captó mi atención de inmediato. Se respiraba una combinación de cosmopolitismo y orden. Se veía que las normas de convivencia relucían con vigencia. Limpieza, orden y cuidado obsesivo por los detalles en cada calle y esquina.

Esta es una ciudad que reposa sobre el lago Michigan, uno de los más extensos del mundo. La rambla, una oda al espíritu deportivo, rebosa de canchas de fútbol 11 de pasto sintético (alrededor de las 6 de la tarde, vale la pena sentarse a observar cómo de la nada y en forma individual, llegan los jugadores, calzado y canilleras en mano, para disputar partidos amistosos), básquetbol, tenis y una ciclovía donde desfilan bicicletas simples, dobles, skate y patines. 

Con una temperatura cercana a los 30 grados, las personas invaden la playa. No es común ver reposeras o sillas, apenas alguna lona o toalla, ya que la mayoría prefiere acostarse sobre la blanca y fina arena. Los jóvenes se distraen con actividades como el vóleibol, freesbee (muy popular) o fútbol americano sin contacto y unos pocos patean la redonda que nos resulta tan familiar. El agua no parece muy querida, apenas unos valientes se animan a nadar, mientras que la mayoría entra y sale para aliviarse del calor. La temperatura del agua es baja, algo similar a los primeros días de enero en el este uruguayo.

En temporada de verano (junio-agosto), la mejor opción para recorrer toda la rambla es alquilar unas bicicletas en el parador que está sobre la playa. Recomiendo las bicicletas dobles, con dos horas alcanza. En invierno el parador cierra y el viento puede empobrecer la experiencia. La rambla termina en el comienzo de una de las principales avenidas de Chicago. De camino al downtown, de lejos brillan los rascacielos, entre los que se destaca la Hancock Tower, segundo edificio más alto de la ciudad.

Downtown

 La gran ventaja del downtown de Chicago sobre el de Manhattan es que puede recorrerse a pie de principio a fin. Las principales avenidas son la Michigan y la State. La rambla culmina al inicio de la Michigan, calle más pintoresca de la ciudad. A diferencia de la 5ª Avenida, la Michigan sí fue pensada para que la recorran miles y miles de personas en simultáneo, es ancha y tiene una ley a su favor: los puestos ambulantes de comida no están permitidos.

Imaginen, recién arribado de la tierra de los puestos de pretzels, kebabs, hotdogs y demás, a una ciudad donde no existe otra distracción que la arquitectura, los canteros floridos impecablemente presentados y las tiendas. Una de las primeras “atracciones” es la Hancock Tower, de 60 pisos y 241 metros de altura. Es un mirador donde se destaca el skydeck, una terraza completamente de vidrio que sale de la torre, donde las personas pisan y ven debajo de sus pies los autos y la ciudad. Una experiencia nada recomendable para aquellos que sufren de vértigo, pero imperdible para el resto.

La Hancock ofrece un restorán y bar que funciona hasta las 11 de la noche. Si deciden ir a cenar, deben saber que el restorán se ubica de cara a la rambla, por lo que la vista no es gran cosa, dado que durante la noche está todo oscuro. El bar sí regala una impresionante panorámica de toda la ciudad iluminada (recomendación: llegar temprano para conseguir los puestos junto a las ventanas, se pueden hacer reservas).

La Michigan regala unas 10 cuadras con las principales tiendas del mundo (mejor conocida como la “Magnificient Mile”), con precios más bajos que en Uruguay y donde siempre podrán encontrar una sección de outlet.

Febrero de 2012, invierno en el norte

En mi segundo viaje a Chicago, pude corroborar que la mezcla de culturas es bastante menor que en Manhattan, aunque cada tanto aparezca algún personaje que llame un poco la atención. Corroboré también que allí hay un aire ordenado, un  respeto por las normas sociales y una pulcritud y un gusto por lo detalles que enamora. Por supuesto que en invierno no había flores ni canteros coloridos, pero más allá de las fuertes nevadas, la nieve nunca estuvo presente. Algunos de los edificios emblemáticos que encontrarán son la Water Tower (con un centro comercial de siete pisos), la torre del reloj (la Wrigley Tower) y la Trump Tower, un edificio inmenso, sobre las aguas de un canal alimentado por el lago Michigan, que bordea la calle Wacker Drive.

Numerosos puentes cruzan ese canal, todos de distinta arquitectura. El canal también se puede recorrer por la orilla, donde se ven yates y embarcaciones amarradas junto a restoranes y pubs.  Millenium Park La Michigan Avenue transita en uno de los parques más lindos de la ciudad: Millenium Park. Aquí encontrarán el famoso “maní de espejo”: un ovoide con forma de maní cuyos extremos inferiores dejan un hueco en el medio que funciona como túnel. En este maní se generan los más variados reflejos y juegos ópticos, ideal para sacar unas 50 fotos. Uno no termina de sorprenderse.

En dirección a la rambla portuaria, se atraviesa un anfiteatro de verano para conciertos sinfónicos con una estructura metálica muy particular. Si tienen suerte, en verano generalmente podrán presenciar ensayos de la orquesta local. Detrás del teatro, hay cientos de metros de parque recubierto con tubos metálicos que se encienden de noche. Ese parque alberga un concierto de rock monumental, donde han participado bandas como Green Day o solistas como Lady Gaga (consultar fechas antes de viajar).

Este lado de la rambla no tiene arena. Ahí reposan cientos de veleros y yates. Con la rambla a mano izquierda, encontrarán una fuente muy original: dos bloques de unos 15 metros de alto y 7 de ancho con pantalla led, enfrentados y a unos 40 metros de distancia uno del otro.  Por la boca escupen un chorro de agua y forman una cascada. Niños, adolescentes y adultos chapotean corriendo de extremo a extremo. Luego de recorrer la ciudad, es un alivio para los pies. 

State Av.

Después de pasear por el Millenium Park, pueden tomar la State Avenue, la segunda más importante, que es más cerrada que la Michigan. Allí, los edificios son más uniformes y no hay tanta variedad de construcción. La State se divide entre una zona comercial con tiendas de renombre y un centro gastronómico con restoranes, bares y pubs. Hay dos cuadras repletas de boliches con diversa oferta gastronómica. El gusto por el detalle se mantiene coherente en todos lados. En la State, anunciando la llegada de Saint Patrick´s Day, había parlantes instalados desde los que sonaba música típica irlandesa y los canteros estaban decorados para la festividad.

 

ENCASTRE  En verano acompañan unos 30 grados; en invierno, nieve y temperaturas próximas a los cero grados. Ambas estaciones tienen su encanto

El legado de Frank Lloyd Wright

A 25 minutos del downtown se esconde Oak Park, uno de los barrios más pintorescos de Chicago. Aquí se pueden ver algunas de las construcciones del famoso arquitecto Frank Lloyd Wright (creador del museo Guggenheim y la casa de la Cascada en Pennsylvania, entre muchas otras), y terminar el tour en su casa y estudio.

La primera vez que visité Chicago no tuve tiempo de ir, así que en febrero de este año, aun con una tormenta de nieve, tomé el tren. Oak Park tiene un parque en el corazón de un barrio semi privado poblado de árboles. Unas cuatro cuadras con unas mansiones impresionantes lo llevan a uno hasta la casa y estudio de Frank Lloyd Wright.

Lo que sorprende es la variedad en la arquitectura y diseño de las casas. Las que son obra de Wright tienen una plaqueta en el frente que explica la fecha y detalles de la construcción. Pueden optar por realizar el tour guiado, pero no sé qué más pueda ofrecer.

Bulls vs. Hornets

No me gusta el básquetbol. Es más, desde el retiro de Jordan y las míticas finales entre los Bulls de Pipen, Rodman y Jordan contra los Jazz de Malone y Stockton, nunca volví a mirar un partido. Sin embargo, con motivo de mi cumpleaños, mi hermano decidió comprar entradas para el partido de temporada regular entre los Chicago Bulls y los New Orleans Hornets. Se trató de uno de los espectáculos más divertidos que he presenciado. Los Bulls eran locales en el United Stadium que también alberga a los Blackhawks, equipo de hockey sobre hielo. A la entrada del estadio hay una estatua de Michael Jordan saltando hacia el aro y debajo de él unos 3 rivales intentando detenerlo.

El estadio tiene capacidad para 25.000 personas.  Esa noche estaba repleto, pero nunca sentí el tumulto. Hay entradas a las localidades cada 30 metros, lo que facilita el ingreso y salida; además hay un baño y tiendas de comida y bebida en cada entrada. Si uno debe salir, no le tomará más de 3 minutos. Nosotros estábamos en el tercer piso y la visual era muy buena.

Es increíble cómo los jugadores hacen que la cancha parezca diminuta. Más allá del partido, muy emocionante, que los Bulls dieron vuelta a falta de un minuto, uno tiene que sacarse el sombrero ante la capacidad de los estadounidenses de generar un espectáculo. No existen los tiempos muertos. Siempre hay acción, ya sea el partido, un concierto de mitad de tiempo, una competencia de baile o, lo mejor, las carreras de los auspiciantes. A la entrada te entregaban un programa donde algunas marcas auspiciaban carreras. Por ejemplo, Dunkin’ Donuts te daba un “personaje” de tres: dona, vaso de café y bagel. Entonces, cuando un equipo pidió un tiempo muerto, las pantallas se encendieron y comenzó la carrera entre estos tres. Yo tenía la dona que luego de dos vueltas de ocupar el tercer lugar, avanzó y salió primera. Quienes tenían la dona en su folleto, podrían canjearlo por una dona gratis en los locales de la marca en los cinco días siguientes. Era hilarante ver a todo el estadio gritándole a los macacos. Por supuesto que la dona recibió todo mi apoyo. Claro que lo mejor quedaría para el final. McDonald’s escribió en el folleto que si los Bulls ganaban y anotaban 100 puntos o más, le regalarían una BigMac a cada uno de los asistentes. Bueno, faltando 1 minuto los locales perdían 94 a 90.

Y comenzó la remontada. Un parcial de 9 a 0, dejó a los Bulls 99 a 94 y con la posesión del balón. Derrick Rose (MVP del partido) sujetaba la pelota y le cometen falta. Dos tiros libres. Una oportunidad inmejorable de ganarnos una hamburguesa. El jugador que había metido 8 de 8 libres, tira el primero y… erra. El estadio entero se agarró la cabeza y quedó a la espera, todavía quedaba una oportunidad. El número 1 de los Bulls picó la pelota, dobló las rodillas, levantó la cabeza, lanzó y… ¡también erró! No les puedo explicar la decepción del estadio. Decir que ganaron y que fue un gran partido… pero más de uno empezó a hilvanar una teoría que involucraba un soborno.

Ciudad universitaria

University of Chicago, Northwestern University, Loyola University, DePaul University, son quizá las más conocidas instituciones educativas terciarias de Chicago.

Los invito a que googleen la ubicación de las universidades en esta ciudad y se sorprenderán de la cantidad de puntos rojos que aparecerán en el mapa. Tuve la suerte de visitar el campus de la University of Chicago, una parada obligada. Queda a media hora del centro, en el barrio Hyde Park (hogar de Barack Obama). La universidad es el barrio. El campus ocupa manzanas y manzanas enteras, con edificios de clases y laboratorios, bibliotecas, dormitorios, campo de deportes, pubs, gimnasios e incluso un hospital, un gift shop y una estación de policía.

Uno respira la tradición de una universidad fundada en 1890 con unos edificios que transmiten experiencia y conocimiento. Una universidad que solo concede becas académicas. Su escuela de negocios Booth School of Business está rankeada como una de las mejores de Estados Unidos.

A 40 minutos de viaje en tren, en Evanston, está el campus de la universidad de Northwestern. Fundada en 1858, ocupa 240 hectáreas entre edificios, campo de deportes, una rambla frente al lago Michigan y hasta un lago artificial. Si bien es más grande que la Universidad de Chicago, me pareció menos impresionante en cuanto a arquitectura y estilo. Sí hay que reconocer que los deportes son prioridad, lo que se refleja en el gran estadio de fútbol americano (Northwestern sí otorga becas deportivas).

Su escuela de negocios es el Kellog School of Management, cuyo programa part time del MBA es considerado como uno de los mejores de Estados Unidos. Vale la pena darse una vuelta para conocerlo. Evanston, además, es una localidad de mucho nivel, con un centro pequeño, pero calles con casas muy vistosas. 


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